¡Se nos vino abajo el cedro!



“El fin de semana llega a Extremadura con precipitaciones generalizadas el sábado y fuertes vientos y bajada de temperaturas el domingo. Este sábado entra un sistema frontal atlántico por el oeste que a su paso por suelo extremeño va a dejar precipitaciones generalizadas en todo el territorio.”

Así de naranja, aunque bien podríamos decir también "de negro", nos lo pintaba la prensa el pasado 17 de enero. Fuertes lluvias acompañadas de vientos de hasta 90 km/h, principalmente en el norte de la región. Y el resultado fue que el viejo cedro de uno de nuestros patios interiores se desplomó sobre el edificio Vegas del Alagón. Aunque, por tratarse de fin de semana, no causó daños personales; sí tuvimos que lamentar daños materiales, como se puede apreciar en el GIF animado que acompaña a este texto.
Ha sido preciso esperar a una grúa de considerable tamaño para poder retirar con seguridad el gran tronco de cedro. Esta madera, por lo demás, es de considerable densidad.
Nuestro querido y malherido árbol estaba desde hace tiempo consumido por la hiedra que se enredó a él hace años y que terminó por devorarlo con su voracidad trepadora.
Aun en su muerte lucía hermoso pues como dice Góngora en la Soledad primera "a ruinas y a estragos sabe el tiempo hacer verdes halagos".

El cedro es un árbol muy afín a la literatura, como lo es también la hiedra. Árbol perfumado y sagrado, el cedro es místico y sugerente como pocos; árbol de tantas evocaciones nostálgicas, evocador de los días felices en que huyó el tiempo, es ese símbolo que  el Cantar de los Cantares nos recuerda.

“¡Cuán bello y delicioso eres tú, amado mío! Nuestro dulce lecho es sólo verdor… De cedro son las vigas de nuestra casa y los techos de ciprés.”

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