Alicia en papel (I)

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“Alicia en papel” es una exposición desarrollada por el departamento de Plástica del IES “Alagón”, a partir de los trabajos de aula realizados por los alumnos en las clases de las profesoras Isabel Martín y María del Carmen Serrano.



La exposición muestra las mil caras que pueden tener los objetos imaginarios creados por escritor inglés Lewis Carroll (pseudónimo del diácono anglicano y matemático Charles Lutwidge Dodgson) en sus obras “Alicia en el país de las maravillas” y “Alicia a través del espejo”. De la primera obra, conmemoramos en este curso académico los 150 años de su publicación (1865).



Lewis Carroll creó el mundo imaginario de Alicia para entretener a las hijas de un amigo en uno de sus viajes por el Támesis. Todo el libro está lleno de referencias a juegos lógicos y matemáticos, a universos mentales de adultos disfrazados de niños con fuertes críticas a la educación y la moral inglesa victoriana.


Los alumnos han recreado bajo su peculiar punto de vista algunos de los objetos y personajes más famosos del libro como el gato de Cheshire, la reina de Corazones y sus soldados-naipe, el sombrerero loco o el conejo blanco. Lo más interesante de esta exposición es que todas las obras aluden a su origen literario y libresco pues el material básico de cada manualidad son restos de libros antiguos y descatalogados.   







La exposición se encuentra en el hall del edificio Medina Cauria, del IES “Alagón”. Se puede visitar por las mañanas y las tardes y estará abierta a los alumnos y al público hasta mediados del mes de mayo.


Queremos iniciar una serie de artículos sobre la figura de Lewis Carroll pues creemos que la “máquina” Disney ha deformado entre nuestros alumnos la visión que debemos tener del autor y de su obra.



¿Alguien es consciente de que Carroll era lo que hoy llamaríamos “un pedófilo”? La RAE nos define al pedófilo en una de sus acepciones como aquel que tiene una inclinación sexual, sin malicia, hacia la infancia. Esto es lo que se desprende del análisis que de su obra y los fondos de su legado que ha hecho  Servando Rocha, autor de “El hombre que amaba a las niñas” (editorial La Felguera).

Merece la pena acercarse a esta “otra cara” de Lewis Carroll.


Reproducimos un fragmento del suplemento cultural del ABC sobre la controvertida vida de Lewis Carroll.


“A su muerte, en 1898, el escritor dejó un legado de diarios, unas 700 cartas y 600 fotografías y sus herederos no sabían qué hacer con tantas cajas de documentación.(…)

Ya en vida del autor de «Alicia» se sabía que Carroll quedaba continuamente con niñas e incluso portaba una maleta con juguetes «para camelarlas», pero él era un diácono, un hombre religioso, y de de hecho sólo con ellas se expresaba libremente, pues era estricto y tremendamente tímido.


Servando Rocha, autor de “El hombre que amaba a las niñas” (biografía de Carroll), comenta al respecto que no se conserva nada de la documentación correspondiente a los dos o tres años en que duró la fascinación de Carroll por Alice Liddell, la niña que inspiró a la protagonista de «Alicia», en una época en la que se sospecha que llegó a pedirle en matrimonio cuando sólo contaba 13 años.

Ello se deduce porque sí se conserva una carta de los padres de Alice en la que conminan a Carroll a que no se acerque nunca más a la menor. (…)


Carroll escribía las cartas a modo de juegos: hay acertijos, rimas, a veces están escritas de atrás hacia adelante. Son mucho «más ricas» que quedarse simplemente en su fascinación por las niñas aunque al preparar el libro, prosigue Rocha, se comprende claramente la influencia de Alice Liddell en su obra.


Sin embargo, Servando Rocha precisa que el amor de Carroll por sus retratadas era «no sexual» pues ninguna de ellas, de adultas, denunció maltrato alguno por parte del autor.


El escritor provocaba sobre las niñas una mirada «bastante seductora» en los retratos, sobre todo en Alice Liddell, pero a él este interés le duraba mientras éstas no maduraban y cuando lo hacían, rompía toda correspondencia con ellas.

De hecho, detalla Servando Rocha, alguien preguntó a Lewis Carroll por qué motivo no retrataba a niños y su respuesta fue: «Soy selectivo. Esa raza no me interesa».”


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