Una licencia...


 .



 Desnuda y vertical, pero ceñida,
la línea de la tierra a la pereza
de una carne que cede, cuando empieza
la perfección del sueño, su medida.



Materia sin amor, pero encendida
por el número fiel de la pureza
donde la fría carne se adereza
sin el gusto del tiempo y de la vida.


¡Oh, dócil a los ojos y apartada
del fuego de la sangre, muda gloria
en éxtasis de tierra levantada!


Antigua juventud fresca y gastada
que aflige la pasión de su memoria
en esta eternidad tan sosegada.





Para retomar el trabajo de difusión de las actividades de la biblioteca del IES Alagón tras un tenso inicio de curso, me van a permitir una licencia personal. No soy dado como redactor de este espacio a transmitir opiniones personales sino a mostrar el trabajo de mis compañeros de centro educativo.

Sin embargo, se ha cumplido esta semana el centenario del nacimiento de mi tio abuelo: Dionisio Ridruejo Jiménez. Tengo que decir que me ilusiona ver cómo esta figura familiar está siendo reconocida en su importancia histórica por múltiples foros y personalidades de la vida pública, asi como en los medios de comunicación. 

No voy a descubrir aquí su trayectoria: de militante falangista a Director Nacional de Propaganda del régimen franquista y posteriormente al exilio, alejado de la vida política por un antagonismo casi personal con el dictador. A su vuelta del exilio trata de cambiar el régimen franquista desde dentro a través de grupos como Acción Democrática y estuvo en contacto con la oposición intelectual de 1956. En 1962 inspiró y participó en el IV Congreso del Movimiento Europeo, un famoso encuentro en Múnich entre dirigentes de la oposición del interior y del exilio, bautizado por la prensa oficial el «contubernio de Múnich». Este hecho le llevó a ser repudiado por el régimen y tuvo que refugiarse en los EE.UU de norteamérica, como profesor en las Universidades de Wiscousin y de Texas. En 1974 funda, a su vuelta a España, la Unión Social Demócrata Española y está en contacto con la oposición para formar parte de la Plataforma de convergencia democrática. Muere en 1975, meses antes que el dictador.

Esta sucinta biografía de mi tio no esconde mi perplejidad sobre su figura. Acepto y valoro su cambio personal pero no puedo olvidar que durante la guerra civil participó y ayudo a construir lo que con tanta ansia luego quiso destruir. No recuerdo de quién son las palabras que decían que lo valeroso es oponerse cuando están cayendo los muertos. Después no es fácil pero sí lo es más.

No quiero, pues, resaltar aquí al Ridruejo político. Todos se olvidan del Ridruejo escritor, del Ridruejo poeta. Aquí en un blog de fometo de la lectura me gustaría trasladar algunos versos suyos y una reflexión sobre la condición de poeta para que aquellos alumnos y compañeros que lo lean vean y disfruten de la fuerza de sus palabras, de los sentimientos que fluyen a través de ellas y del maravilloso lirismo que desprenden. 

Memoria
 
Y resbaló el amor estremecido
por las mudas orillas de tu ausencia.
La noche se hizo cuerpo de tu esencia
y el campo abierto se plegó vencido.

Un ayer de tus labios en mi oído,
una huella sonora, una cadencia,
hizo flor de latidos tu presencia
en el último borde del olvido.

Viniste sobre un aire de amapolas.
Como suspiros estallando rojos,
bajo el ardor de las estrellas plenas,

los labios avanzaron como olas.
Y sumido en el sueño de tus ojos
murió el dolor en las floridas venas.


Asalto

Suave y firme tu mano.
No tembló tu corazón; era un instante
de calma y superficie
en tu voz como plata con arena
y en la húmeda pizarra de tus ojos.

Ha sido ahora, ausente,
cuando el tacto recuerda una caricia
y sangre adentro va tu aroma alzando
el oleaje y quema tu piel de oro.

Sufro extrañado en esta mano nueva
con su emoción de almendro,
que late y crea al recordar. La paso
por los objetos de costumbre: el hierro,
la madera, el cristal, la lana -tuyos-
y una descarga eléctrica de rosas
los hace carne viva.


En mi corazón
Ya solo en mi corazón
desiertamente he quedado;
el alma es como una nieve
extendida sobre el campo,
la tierra desaparece,
el cielo niega el espacio,
las cosas que me rodean
rechazan la luz del hábito.

¿De qué me sirven los ojos?
¿De qué el aroma sin rastro?
¿De qué la voz sin el nombre
que se despoja del labio?
El tiempo de mi esperanza
es como tiempo pasado.
Ya solo en mi corazón
desiertamente he quedado.



Quizá toda una dirección de la poesía consiste en hacer confidencias; hacerlas no
puede ser por lo tanto un sacrificio para un poeta, pero es en cambio toda su dificultad.
Conocemos ciertas cosas sobre nosotros mismos, sobre el mundo o sobre la
poesía, pero las conocemos como en estado de sospecha, de intuición, de sentimiento
o de revelación. Convertir esta riqueza inefable en conceptos o sólo en expresiones
es ya falsearla y limitarla a sabiendas, además de que el que va a recibir nuestro mensaje
ha de falsearlo de nuevo apropiándoselo, descifrándolo con las claves de su propio
mundo interior y no con las del nuestro. Elegir la expresión única y unívoca de
nuestra confidencia, ésa sería la satisfacción del anhelo creador poético. Buscarla y sólo
aproximarse a ella es la exasperante limitación del mismo. Si en esta lucha nos abstenemos
del rigor y de la paciencia —aconsejados sobre todo por la mala musa de la
facilidad—, daremos en ingeniosos, conceptualistas, preciosistas, desgarrados generalizadores
del sentimentalismo, metafóricos superficiales, fabricantes de ideas sin vida.
En todo lo que viene a dar el poeta que no llega a poeta o se pasa de poeta.
¿Una idea sobre mi vida poética, sobre mi poesía, sobre la poesía en general? ¿Se
puede tener «idea» de esto que es vivencia íntegra? Quizá la solución sea narrar, narrar
solamente, porque todo lo que es sucede o al menos existe, y lo que es y no sucede,
nunca podremos explicarlo, ni decirlo.
(Dionisio Ridruejo. Materiales para una biografía)

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