LIBROS DE COSMOLOGÍA... DIVULGANDO EL SANTO GRIAL DEL CONOCIMIENTO ASTROFÍSICO.

La divulgación científica se está convirtiendo en un nuevo genero literario. Casi a diario surgen nuevos autores que aunan en un difícil equilibrio rigor y amenidad, dentro de una envoltura que, más allá de la corrección formal, comienza a tener cierta calidad literaria. Destacan en este campo dos libros notables:

"El cosmos en la palma de la mano" de Manuel Lozano Leyva, publicado por Mondadori y "El universo en una cascara de nuez" de Stephen Hawking, publicado por Planeta.


"El cosmos en la palma de la mano" de Manuel Lozano Leyva, publicado por Mondadori y "El universo en una cascara de nuez" de Stephen Hawking, publicado por Planeta. Sus títulos están extraídos de dos clásicos; el primero, de un poema de William Blake y, el segundo, de la obra de teatro: Hamiet, de William Shakespeare. Ambos tratan de hacer accesible a un lector medio la COSMOLOGÍA, apasionante campo del saber humano cuyas fronteras se amplían continuamente de una forma espectacular (agujeros negros, pulsares, materia oscura,... etc) y con profundas relaciones con las creencias e ideas filosóficas, a las que aportan nuevos elementos de contraste.

A pesar de las similitudes, son libros muy diferentes y en algún modo complementarios; el primero, escrito por físico español desconocido, es un recorrido desde lo más próximo: el Sistema Solar hasta el Universo pasando por estrellas y galaxias. Es un compendio de espíritu enciclopédico sobre el conocimiento cosmológico y estructura pedagógica lo que hace su lectura fácil y amena.

Por otra parte el segundo, escrito por un físico inglés muy conocido, es un poco más caótico y denso; con un estilo propio de relato de ciencia ficción aborda algunas de las últimas y discutidas teorías sobre COSMOLOGÍA, entre las que se encuentran la del autor sobre los agujeros negros y, aprovechando que "pasábamos por aquí", nos coloca su célebre fórmula de la temperatura de un agujero negro, además de otras que tienen muchas posibilidades de convertirse en explicación de las sorprendentes características del Universo que están poniendo de manifiesto los nuevos medios de observación de los que hoy disponemos (Satélites de observación y grandes telescopios).

Terminamos, al igual que el primer libro en su epílogo, reivindicando el valor estético del conocimiento científico en general y del cosmológico en particular contenido en el esfuerzo humano por comprender la realidad que nos alberga; así, estos dos magníficos libros son, por una parte, relato de este épica tarea y, por otra glosa del placer estético que le acompaña.


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